Talismanes religiosos de moda

Este verano estuvieron de moda en España. Ahora lo están en los países de Sudamérica.

La mediática Sara Carbonero hizo que la mitad de las jóvenes llevaran unas pulseras muy sencillas pero muy alegres: los decenarios. Son pulseras de hilo gordo,  con diez nuditos a lo largo de la circunferencia que describen y que terminan en un cordel más largo que terminan en una cruz. Las hay de todos los colores.

Enseguida todo el mundo se hizo con unas cinco o seis, cada una de un color, imitando a la periodista (ugh, qué poco me gusta decirlo, no porque ella sea mala periodista, sino porque desde que sale con Iker Casillas se lo han dado todo hecho).

Los decenarios surgieron cuando religiosos católicos salían de viaje, y al no poder llevarse rosarios, se los fabricaron con cordeles sencillos. Hay gente que al conocer el origen de los decenarios, se las quita inmediatamente alegando que es ateo, etcétera. Creo que podría ocurrir algo parecido con el colgante ahora tan de moda: una mano de Fátima.

La mano de Fátima es de origen musulmán y también es conocida entre la cultura judía. He encontrado por Internet una leyenda un tanto machista sobre su origen:

“El profeta Mahoma, el fundador del Islam, tuvo una hija, la bella y virtuosa Fátima, a la que los musulmanes veneran con gran devoción. Se cuenta que en una ocasión estaba Fátima muy ocupada en la cocina preparando la comida cuando su marido, el imán Alí, llegó inesperadamente. Al oirlo, Fátima abandonó por un instante sus quehaceres y fue a recibirlo. Sin embargo, quedó fuertemente decepcionada y triste al ver que su esposo llegaba acompañado de una bella y joven concubina. Prudente, Fátima guardó silencio y, atormentada por los celos, regresó a la cocina. Pero, inmersa en oscuros y tristes pensamientos, no prestó atención a lo que estaba haciendo: tenía una olla al fuego con caldo hirviendo y, más atenta a su tristeza que a su trabajo, metió la mano dentro y empezó a remover el guiso. Tan absorta estaba que no sintió dolor alguno, pero Alí vió lo que estaba haciendo y , horrorizado, se abalanzó sobre ella gritando.Fue entonces cuando Fátima se dio cuenta de que se estaba quemando la mano y la sacó de la olla.”

En cuanto a los decenarios, a mí me han llamado la atención, pero no he querido comprarlos porque sabía que eran una moda pasajera. Y efectivamente, llegó el otoño y ya casi nadie lleva de esas pulseras. Por eso me compré una. 


Ocurrió que una monja las hacía con un mismo hilo de diferentes colores, y las vendía a dos euros. Eran bastante originales, no las había visto así nunca.  El dinero recaudado tenía objetivo benéfico. Como últimamente paso un poco de la fé, decidí tener una aprovechando que ya no “se llevaban” tanto y que así podía decir orgullosa: “sí, sé que son rosarios y me gusta llevarlo.” Me acordé de amigas de mi hermana que decían haberse dejado hasta 10 euros en una de esas pulseras, y miré a la monja, que fabricaba en ese momento otra de las pulseras y tenía al lado suyo un ovillo gigante de hilo para hacerlas.

Y desde entonces la pulsera va conmigo; no suelo llevar brazaletes o pulseras, pero ésta de momento está aguantando. No me molesta para escribir ni cuando se queda metida dentro del chaquetón, ni para dormir. Quizá sólo en la hora de la comida, pero yo le hago un nudito sobre sí misma.

Son ideales para diario, pero por favor, que no se la ponga nadie para salir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s